Tal vez muchas personas alguna vez se hayan planteado el porqué de las cosas. Y aunque la pregunta más común no es fácil de contestar, porque claro está que todos queremos respuestas, incluso los menos creyentes, los científicos más rompedores o los sabáticos religiosos.
Pero cabe replantearse qué somos y el porqué de nuestra existencia, el porqué de nuestra unión entre una estrategia de dos células que una vez se unieron para dar paso a un ser de complicación mayor que la de sus predecesoras. Tal vez algunos encontréis la respuesta en un hecho científico demostrable, otros en la religión y el resto, si cabe, ni en la religión ni en un hecho científico, simplemente no le dais importancia.
Al sugerir que somos el resultado de una perfecta unión de células gameto (óvulo y espermatozoide) estamos dando a entender que la evolución es su más estricto significado ha elegido como mejor traspaso evolutivo en esta especie tal forma de reproducción y, por otro lado, tenemos el componente filosófico, que sugiere que somos el resultado de una esencia hecha carne, a través de la metafísica esto se explica así, no hay esencias humanas, hay esencia humana, por último tenemos el componente religioso que nos dicta que somos resultado de una elección que una vez un ser superior quiso para nosotros, quiso que fuéramos tal y como hoy en día somos, dándonos una personalidad propia con la cual podríamos ser libre de acto alguno.
Tal vez, y tras leer esta entrada, alguno se haya planteado qué es y por qué es así. Pero lo único que puede asegurar a mis lectores que seamos lo que seamos, tenemos una magnífica persona interior, como me dijo alguien una vez, una luz interior que es única, que nos hace especiales, que nos hace únicos, diferentes del resto de individuos que componen nuestra especie. Incluso los más idénticos gemelos son más diferentes entre sí de lo que cabría esperar, pero de eso hablaré otro día.
Espero que hayáis disfrutado con esta entrada.
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