miércoles, 10 de abril de 2013

EL AJEDREZ Y LA VIDA


Saludos a todos los lectores de este maravilloso blog.

Mi nombre es Jose Bas, soy amigo de Dani, propietario e impulsor de este espacio dedicado a reflexiones de diversa índole, y voy a tener el placer de colaborar a partir de ahora en este blog, gracias a la indudablemente buena oportunidad que me ha brindado Dani.
En esta, mi primera colaboración, en relación con mi gran pasión y afición, he escogido como leitmotiv el ajedrez; Pero no voy a aburrirles explicándoles sus orígenes o sus reglas. Sino que, al contrario, haré una reflexión (interesante cuánto menos a mi humilde entender) con el propósito de que ustedes puedan acercarse a entender el significado abstracto de este deporte-ciencia:
Para el profano o el que conoce el ajedrez apenas superficialmente es éste un juego abstruso, deshumanizado, en el que dos personas con mucho tiempo disponible y ningún deseo de conversar hacen cálculos complicadísimos y abstractos como forma sobremanera anormal de entretenerse. Aunque aún no estoy lo suficientemente cerca  de ser un experto en el juego, le tengo mucho cariño y le he dedicado suficiente atención como para haber superado esa opinión del profano. En realidad, creo tener una pequeña idea de lo que podríamos llamar la vida oculta del ajedrez. 

Ante todo, es un error considerarlo un juego abstracto, desenraizado de la realidad. Es un juego realista por excelencia, si tomamos como dimensiones fundamentales de la realidad el espacio y el tiempo. En el ajedrez todo sucede en el espacio y a través del tiempo, como en la vida real; sólo que en el juego estas coordenadas son más simples y claras que en la vida real. Pero los axiomas espacio - temporales valen igual: dos cosas no pueden estar en el mismo lugar al mismo tiempo, y el tiempo pasado no puede revivirse. He ahí la primera consecuencia educativa del ajedrez: nos prepara para la seriedad de la vida al mostrarnos en toda su crudeza los límites de la realidad. 

Se dice del ajedrez que es un juego lógico; a mí me parece mucho más un juego histórico. Se equivoca quien crea que los elementos o unidades de juego son las piezas, con sus distintas reglas de movimiento. Las unidades elementales del juego son las situaciones, tan ricas y variadas como las situaciones históricas. Saber jugar es saber distinguir situaciones, y poder decidir de manera intuitiva las distintas posibilidades, promesas y amenazas, que la situación entraña. La capacidad de cálculo ayuda, pero sólo como un factor; más importante es la capacidad de memoria y reconocimiento, la capacidad de esperar con propiedad efectos iguales en situaciones parecidas, la capacidad de decidir cuando las situaciones son parecidas. 
El ajedrez nos enseña, entre otras cosas, la necesidad del compromiso; si no nos comprometemos de una manera irreversible, mediante ciertas jugadas, nada lograremos. Y el valor del riesgo, que es inevitable: toda movida crea debilidades, que son el precio que pagamos por los beneficios de nuestra mayor movilidad o mejor defensa. No podemos evitar comprometernos ni arriesgarnos; exactamente como ocurre en la vida. El quid de la cuestión está en saber comprometerse y arriesgarse inteligentemente. 
Pero quizá la enseñanza más valiosa que podemos derivar del ajedrez es la preeminencia de la calidad del juego sobre el resultado del mismo. Al buen ajedrecista no le interesa vencer por vencer. Le interesa vencer a quién y cómo. Le interesa ante todo y sobre todo la calidad de la partida, incluso si resulta vencido. Aplicado a la vida: es la excelencia de nuestro modo de vivir, no los resultados objetivos que consigamos en la vida lo que realmente importa. 

Por último, y como conclusión, parafrasearé al ya difunto Premio Nobel de Literatura Don Jacinto Benavente: "El ajedrez, interesantísimo; es juego de dioses: ¡manejar a nuestro antojo un mundo pequeño con todas sus figuras! Quién sabe si el mundo no será en resumidas cuentas más que eso, un gran tablero de ajedrez al que unos seres superiores juegan con nosotros como nosotros jugamos con las figuras".

Y ustedes, ¿Qué opinan de esto? 



martes, 26 de marzo de 2013

LA DUDA Y LA REALIDAD

A raíz de un programa que vi hace tiempo, me empezaron a asaltar dudas. Y desde entonces le doy vueltas a la cabeza y no reparo en seguir pensando en una solución factible para las dudas que me sobrevinieron. Son dudas profundas, dudas que me desvelan una realidad de que nunca antes había sido consciente, sabedor... No son, ni por asomo, de tipo sexual o amoroso. Son dudas acerca de lo que pienso, de la concepción errónea que tenía del universo que giraba alrededor de mí. Son dudas sobre la sociedad, el papel de unos y de otros, de mi papel, de la política, de la ciencia, de la religión... Son un compendio de dudas que, en mayor o menor medida, están ligadas, entrelazadas entre sí. Tienen un tanto o poco que ver.

Haber empezado a dudar y no encontrado la solución a las dudas, ha hecho que me plantee serios protocolos sociales, formas convencionales de actuar y de pensar. Creo que no hay - aclaro el "no hay" como algo filosófico que sentencia el devenir de nuestra existencia y condiciona el modo en que la vivimos y desarrollamos - verdades absolutas por las que regir nuestra vida. Está claro que el ser humano es un animal racional (véase los casos, no en todos, y hay muchos ejemplos de ello) y que utiliza, a mi percepción de la naturaleza y la sociedad, demasiado la razón, aunque yo de ella participe en medida seria, ya que anula (parte de culpa aquí la tiene la sociedad y los convencionalismos sociales y tabúes sobre determinados temas: sexo, amor, drogas...) los instintos básicos que ha hecho que el ser humano evolucione en alguna medida y en otros casos, que involucione (preferiría no generalizar, pero es así). Plantearse de nuevo el mundo que se tiene alrededor es una tarea devastadora, no sólo para el "planteante*", sino para el planteado. Ello conlleva la visión de una realidad inexistente, falsa, fácilmente desmontable que siempre se nos había presentado como única y válida. Y esto puede hacer temblar los cimientos de lo que se creía, poniendo en serio peligro la salud socioemocional del individuo en cuestión, ya que es tratado de bicho raro, o como se suele utilizar hoy día "antisistema".

Me he estado planteando temas tan serios como la utilidad de mi ser, o mi afección a la política, la creencia absoluta a la ciencia o mi capacidad retórica, incluso cuán buen hijo era o si mi corpontamiento en la sociedad estaba fuera de lugar según los convencionalismos sociales. He visto que la realidad en la que vivimos, según la percepción de cada individuo, es tan cambiante como las estaciones, como un país, como un sistema operativo que se renueva año tras año para no caer en desuso... Dudar me ha servido para ver que no hay que obcecarse en la certidumbre de una sola cosa, de un solo tema, porque ahí tenemos el serio peligro de caer en el peligro de la rutina mental, en el "borreguerío*" más rancio. Dudar y plantearse nuevos conceptos del universo que nos rodea es bueno para la plasticidad cerebral, para adaptar el cerebro. Porque según leí una vez, el cerebro no ansía saber, sino adaptarse para sobrevivir y si para ello, hemos de cambiar de opinión, no debemos negar ese derecho incuestionable a nuestro cerebro, del que en gran parte depende nuestra existencia e integridad fisiológica.

En resumidas cuentas, dudar a mi parecer es bueno y hacerlo de vez en cuando no nos vendría mal. Dudar es sano. La prueba la tenemos en que ese antepasado nuestro que dudó de si estar en el árbol de toda la vida era lo mejor o no dio lugar a homínidos erguidos y al ser humano actual.



* Las palabras señaladas con este símbolo no figuran en el DRAE ( Diccionario de la Real Academia Española), pero las he utilizado o inventado para hacer mejor entender el texto a los lectores.

Espero que os haya gustado el texto. Disfrutad. Cualquier fe de erratas por parte de algún lector será bien recibida.

miércoles, 13 de marzo de 2013

EL PAPADO Y LA MUJER

Hoy hemos asistido desde nuestras casas, desde nuestras calles a la elección de la plaza que había quedado vacante de un sumo pontífice. Después de unas 4 o 5 fumatas negras, por fin salió elegido un cardenal argentino llamado Bergoglio, que a partir de ahora adoptará el nombre de Francisco I. Hay que destacar de este papa que es sudamericano y jesuita, cosa en exclusiva de su liderazgo al frente de la Iglesia Católica. Tiene mucho trabajo por delante y deberá saber dar respuesta a las demandas no sólo de los católicos, sino también de la sociedad. La Iglesia se ha de modernizar. Si no, caerá poco a poco en un desuso que llevará a su prácticamente inevitable extinción. He de advertir antes de que no soy católico, ni creo en Dios, por ello me voy a tomar la ligereza y la libertad, dentro del respeto mutuo, de opinar sobre el papado y la mujer, como muy bien indica el título de mi entrada.

En los últimos años hemos visto que hay gentes alrededor de todo el mundo que piden un papel principal, en primera línea de la mujer en la Iglesia y que pueda optar a altos cargos eclesiásticos, como cardenal, obispo, e incluso que pueda llegar a ser la líder de la Iglesia en el estado del Vaticano. Mientras en otros ámbitos se ha conseguido una cierta igualdad entre hombres y mujeres, la Iglesia actual sigue obcecada en que el líder de la Iglesia sólo puede ser un hombre, nunca una mujer, lo que ha llevado a muchos sectores femeninos a una razonable y explicada animadversión hacia esta institución. La mujer, como ser humano también ha de tener las mismas oportunidades que el hombre. ¿O una mujer no puede gobernar también y hacerlo bien? Es más, yo creo que lo haría incluso mejor. No sé por qué. Un gran ejemplo de mujeres que han llegado a lo más alto lo tenemos en Alemania, donde Angela Merkel es la canciller, la jefa del gobierno y a su país no le va nada mal. Otro lo tenemos en figuras científicas como Marie Curie o Rosalind Franklin, las más destacadas del siglo XIX y XX. O en arte a Frida Kahlo, en literatura, Cristina de Pisano en el campo de de la escritura, entre otras muchas mujeres extraordinarias de todos los tiempos.

Al igual que en los partidos políticos hay fases en que hay que progresar e iniciar un nuevo ideario que se adapte a la coyuntura social del momento, lo que se suele llamar regeneración democrática, la Iglesia, que tanto se mete en política y no sé por qué, ciertamente, debería hacer lo mismo que hacen ellos. No puede intentar anclarse en el pasado que un día le perteneció, sino que puede y debe prosperar hacia la igualdad en su seno. No hemos de obviar el hecho de que si no hubiese sido por el vientre, supuestamente, de María, el cristianismo y, ergo, la religión católica, apostólica y romana no habría jamás existido. La mujer es importante. Es más, la Iglesia católica es un sintagma nominal femenino, al igual que los vocablos oración y fe... Curioso, ¿no?. Está más que claro que la Iglesia católica seguirá en sus trece durante mucho tiempo y no verá esa realidad que tanto preocupa a muchos sectores. La Iglesia se ha de regenerar ya mismo. Al nuevo Papa no le ha de temblar la mano si quiere hacer cambios. Se ha de enfrentar a toda esa curia rancia y retrógrada para modernizar la Iglesia y a la mujer se le ha de dar un papel importante y vital. Porque según tengo entendido, hubo una vez una mujer, que vestida de hombre y con grandes dotes tanto intelectuales como artísticas llegó a ser Papisa de la Iglesia católica, episodio que los grandes de la Iglesia se han empeñado en borrar impetuosamente del mapa. ¿Cuántas mujeres excelentes habrá en este mundo que tengan proyectos esperanzadores para una cúpula que cada día pierde más adeptos?


IMAGEN: LA PAPISA JUANA, PELÍCULA DE CARÁCTER HISTÓRICO. 

Espero que os haya gustado la entrada. Y disfrutad, como siempre, pensando y cuestionándolo todo. 

domingo, 24 de febrero de 2013

LA IMPORTANCIA DE REFLEXIONAR Y CUESTIONAR

Saber pensar y tener un criterio propio es casi tan difícil como descifrar qué son, mejor dicho, de qué vienen las figuras de Nazca. Todo un misterio, vaya. Y reflexionar y darte cuenta de verdades que podrían hacer que tu vida no tuviese sentido, aun más.

Cuando una persona se halla en completo silencio, en silencio sepulcral, escucha sus propios pensamientos. Es como si fuera un dualismo, persona-pensamiento. Y esto pocas veces ocurre. Cuando los escuchas, escuchas a tu esencia, a tu ser, a tu mente, a lo que verdaderamente eres. Saber autocriticarse, creo, es el paso primero para hallar ese silencio en que escuchar a nuestros pensamiento, pero hacerlo es muy difícil. En muchas ocasiones, nos creemos perfectos, dioses, y no somos ni perfectos ni dioses, porque una, la perfección no existe, dos, los dioses tampoco, en cuanto a la concepción clásica que se tiene de "dioses".

Yo no soy perfecto, ¿y vosotros? Yo creo que la respuesta es tan simple como rotunda "No".

Muchos filósofos dualistas han convenido siempre en la existencia de un alma, libre de toda ley física, mecánica, y verdaderamente libre. El concepto que ellos tenían de la verdad era que el alma era lo único libre por no estar sujeta a las leyes del mundo terrenal, pero ¿acaso la libertad, a mi juicio, no es la capacidad libre del hombre de guiar sus pensamientos hacia un propósito bueno con la razón y el entendimiento sin que se sufra por ello el menosprecio del rebaño? La libertad no es una cualidad exclusiva del alma, que no existe, por cierto, sino la cualidad y capacidad de poder guiar esos pensamientos a un fin bueno y que sea de utilidad al entorno. Es la capacidad libre de pensar, reflexionar y autocriticar. Porque la libertad que se halla en la autocrítica nos hace más libres. Autocrticarnos es el primer paso hacia una libertad, hacia un pensamiento. Y nos hemos de alejar de posturas dogmáticas y pragmáticas. Yo abogo por el librepensamiento, siempre y cuando el sujeto pensante establezca unas reglas a seguir. Y también alejarnos de esa idea de un mundo ideal, perfecto después de la muerte, porque esa idea no es sana ni real. Esta vida, vivida con intensidad y fulgor, es la más bella de todas, y si nos obcecamos en buscar un mundo que realmente no existe y que es tan perfecto, os aseguro yo que acabaremos amargándonos la vida de una manera de que no os podéis hacer idea.

Saber cuál es nuestro pensamiento, qué ideas tenemos y cómo queremos encauzarlas y proyectarlas, primero a nosotros mismos, y después a la sociedad es algo tan importante y básico como el comer o respirar. Y para ello, hay que renunciar a esa comodidad que nos ha dado la sociedad de la que podemos salir como borregos.


Espero que os haya gustado y ya sabéis... ¡autocriticaos, pensad y aplicad! 


miércoles, 6 de febrero de 2013

LA UTILIDAD DEL SER ¿SOCIAL O INDIVIDUAL?

En ocasiones me preguntan qué anhelo ser en esta vida y por qué. La mayoría de las respuestas que doy a esas incógnitas es, o bien médico, o bien periodista o biólogo, en menor medida y devoción. También se me pregunta qué busco con estas carreras y como viene siendo habitual, entra el factor económico en la respuesta, la cual es "Pues, busco un trabajo que me dé seguridad y con el que no haya de padecer económicamente" Y, claro me responden que no he de buscar una riqueza inmediata y fructífera en el trabajo, una riqueza que sólo te reporte dinero sin alcanzar un bienestar en aquello que haces.

Por tanto, tienen razón y los últimos días así me lo han demostrado. He de buscar mi equilibrio, mi máximo grado de estabilidad. He de establecer un criterio, un método en la búsqueda de ese trabajo ideal que me satisfaga tanto como persona como trabajador. Pero nos hallamos en una sociedad que no quiere gente que sólo se sea útil a sí misma, sino a gente que le sea útil a ella. En realidad, y así lo veo, lo que convenimos a buscar es ese grado de comodidad social con el que decir "Yo soy, ergo tengo". Esa frase se ha convertido en la mayor pantomima de esta sociedad de consumo, debilitada en estos tiempos. Está claro que a veces la felicidad depende de lo material, porque nos gusta tocar, ver, oler... Nos encanta tener algo entre manos. Ello nos hace felices. ¿O acaso un bebé no es feliz con su sonajero? Pues sí, y cuantos más peluches tenga, más feliz será. Esto se magnifica cuando llegamos a la edad adulta y con todo el poder de nuestras facultades desarrolladas. Cuando somos mayores, queremos ese coche que anuncian en la tele y con el que nos garantizan éxito social, emocional y sexual, en el caso de los hombres, porque por todos es sabido que el coche es el símbolo de poder, símbolo de virilidad. En las mujeres es el caso de las colonias, de los perfumes, de los maquillajes que te dejarán "divina de la muerte" y con los que tendrás un éxito con los hombres asegurado.

Cada día que pasa, cada día que crezco como persona moral, racional y emocional me doy cuenta de que estas expectativas se cumplen en un contado número de veces, porque olvidamos que hay piedras en el camino, y muy duras, por cierto, de superar y prever. Hemos de replantearnos nuestra "utilidad", el para qué servimos, y lo más importante, el para quién servimos. ¿Nos servimos a nosotros mismos, o como viene siendo la tónica general, servimos a la sociedad en detrimento de nuestras opiniones y de aquello que queremos en nuestro fondo más hondo?

Yo creo que deberíamos saber a qué estamos dispuestos a renunciar para complacernos a nosotros mismos y no a la sociedad. La sociedad ha creado unos cánones y estereotipos que no se ajustan para nada a la realidad que vemos día a día. Ha querido crear una utopía que vemos nos está saliendo cara. Debemos todos, conjunta e individualmente hacer un ejercicio de autocrítica y de crítica al sistema, porque sólo tenemos una vida y no la podemos desperdiciar adivinando qué quieren que seamos, sino que la hemos de aprovechar para realizarnos como personas, como seres biológicos con unas necesidades. Tal vez los tabúes sobre el sexo deban ya de una vez por todas derrocarse y venirse a bajo, así como la vejez, la muerte. Nos hemos de percatar de las realidades biológicas de que estamos hechos y no reparar en reconocerlas y hacerlas más nuestras que nunca.

Nos hemos de servir a nosotros, pero también a la sociedad en que vivimos, pero ¿cómo se lleva a cabo esto? ¿cómo puedo alcanzar esa doble utilidad? Pues yo no sabría, queridos lectores, cómo responderos. Es una difícil pregunta que requiere de una respuesta muy meditada y consciente, así como racional y lógica que se ajuste al mundo real en que vivimos.

Y, hoy, para dejar de lado la tónica general, os dejo un vídeo que, aunque en inglés subtitulado en castellano o español, a deseo de cada uno, plantea el tema de que he tratado hoy yo aquí. Espero que os guste y seos útiles a vosotros mismos, y ya después a la sociedad. Buenas noches y feliz jueves el de mañana ;)


miércoles, 30 de enero de 2013

EMPATÍA Y SOCIEDAD

Cada vez que vemos a uno sufrir, sufrimos también un poco nosotros. Vemos en aquella persona triste un reflejo de lo que podría sucedernos, de lo que podríamos lamentar, llorar... Cuando vemos en otros una alegría desmedida, nos alegramos de alguna manera nosotros... Todo esto se llama empatía, y se define, a mi gusto, como la capacidad de sentir aquello que otros están sintiendo. La neurobiología moderna la incluye dentro del aspecto de la inteligencia emocional. 

La sociedad, entendida como un conjunto de personas que se comprometen en una fuerte interrelación de vecinos, amigos, padres, madres, profesores... también siente este tipo de sentimientos en su seno. La prueba la tenemos en las manifestaciones y protestas que día tras día se suceden en nuestra sociedad a causa de una grave crisis económica, que ahora no viene a cuento. Aquí, la sociedad, en su conjunto se moviliza para apoyar la causa de unos pocos, pero que afectan a unos muchos. Ella se siente identificada con los problemas de la gente, puesto que ellos mismos podrían sucederles a los que apoyan. Si tú ves que una familia está a punto de ser desahuciada de su vivienda, del lugar en que viven y conviven, su hogar, puede que te identifiques con esa situación o tu cerebro te diga "Debemos ayudar" de forma inconsciente. Es un tipo de altruismo, pero aquí puede que se espere algo a cambio, como, en el caso anterior, la paralización del desahucio que se había decretado bajo mazo judicial. 

La sociedad y empatía, en mi opinión, van juntas de la mano, ya que no habríamos podido construir una sociedad tan complicada, y por raro que parezca, rica en algunos valores que siempre nos serán inquebrantables, ya que los llevamos dentro. La empatía es uno de los sentimientos que caracteriza al hombre, que lo hace ser un poco, sólo un poco diferente del resto del conjunto animal. Es un sentimiento útil, un sentimiento que se tiene y cuya buena utilización puede llevarnos a ser unas personas agradables con el entorno que nos rodea, el entorno con el que nos comunicamos... 

Al fin y al cabo, saber qué siente tu vecino, tu amigo... es una ventaja, porque puedes ayudarlo, darle consejo, abrigo, ánimos y fuerzas para seguir adelante. Y, además, si aplicas la razón a este hecho, ya es el máximo a que puedes aspirar emocionalmente. Porque aplicar las emociones a través de la razón es una tarea que deberíamos hacer todos. La razón es el fundamento de nuestro pensamiento y nuestro ser. Por tanto, hay que convivir en una sociedad empáticamente racional, en que haya un flujo de emociones controladas por la razón para no producir ningún exacerbamiento de las emociones en cuestión. 


Espero que os haya gustado la reflexión. A mí me gusta mucho aplicar la empatía en la sociedad, aunque a veces me es difícil, pero se puede conseguir a través de la razón y el pensamiento lógico. Disfrutad leyendo y sed empáticos. 

domingo, 27 de enero de 2013

REDES SOCIALES Y EVOLUCIÓN BIOLÓGICA

En los últimos años ha habido un "boom" en las relaciones sociales y cómo la gente comparte cada instante de su vida. Las relaciones sociales ya no son las que solían ser, las que se solían entablar entre amigos, familiares, jefes... no, han cambiado de una manera radical. Primero surgió Internet, la gran web, la web de webs donde todo el mundo entraba por su novedad y por esa curiosidad innata que lleva intrínseca el ser humano, más tarde vinieron los correos electrónicos y plataformas para compartir datos, pero sin la futura posibilidad de compartir fotos, subir, comentar, crear comunidades... era simple información ordenador-usuario. Más tarde, llegaron, y para quedarse  las redes sociales. Esas herramientas que hoy nos facilitan tanto la comunicación entre unos y otros, esas plataformas globales en las que puedes conectar al segundo con una persona que se halle en tus antípodas sin necesidad de teléfono, ni horario, ni cartas... ¡¿No es increíble la manera en que la sociedad evoluciona para hacerse más cómodas las relaciones intrahumanas?! 

Pues bien, éste ha sido un paso muy importante en cuanto a humanidad se refiere, pero también, y a mi parecer, en cuanto a la biología. Porque estamos evolucionando con otras características bien diferentes a las de nuestros antepasados. Queremos con un simple "click" tener la situación bajo nuestros pies, bajo control. Queremos comunicación, ansiamos comunicación, anhelamos comunicación. Y es muy natural esto. Porque el ser humano es un animal social muy complejo que necesita de los demás de su especie para comunicarse, compartir. Es altruismo social, que deriva, asimismo, de una larga evolución cognitiva en que las emociones han tenido mucha importancia en la toma de decisiones. Cuando creamos, al igual que nuestros primos, los primates, las sociedades jerarquizadas y estamentales, en menor grado, nos dotamos a nosotros mismos de una capacidad maravillosa, que asegura nuestra supervivencia, el subsistir de la especie, la de compartir conocimientos y aplicarlos a nuestra vida para hacerla más fácil y llevadera. Con menos, más. 

Es cierto que muchos primates aprenden imitando, en la mayoría de casos, pero el ser humano, como excepción imperante en varios aspectos, no lo hace así, sino que aprende con maestros, que son los que en la sociedad les enseñan a multiplicar, hablar bien, escribir, sumar, estudiar, beber, comer... El ser humano, a través de las redes sociales, lo que anhela es expandir una opinión, un conocimiento, una experiencia, un saber innato que cada uno lleva dentro. Las redes sociales no sólo sirven de plataforma de diversión y comunicación verbal, en su sentido más estricto, sino que sirven de trampolín para expandir un conocimiento que, se cree, es bueno, un saber que puede ayudar a la sociedad a avanzar en lo cognitivo. Podríamos decir que las redes sociales, junto con la tecnología y la ciencia, han sido de las mayores revoluciones que el ser humano ha experimentado jamás, una revolución de una generación a otra en un periquete. Como si hubiese ocurrido de la noche a la mañana. Nuestros padres se asombran al ver lo que podemos hacer con nuestros teléfonos móviles, con esos dispositivos creados, en primer lugar para hablar y, como mucho, mandar mensajes, mientras que nosotros, sin ver el grado de evolución, tratamos a estas tecnologías como algo natural, intrínseco de nuestro carácter. 

Y lo que yo me pregunto "¿Es bueno tener esas redes sociales?" Pues, en mi opinión, sí, categóricamente, sí. Porque con ellas, no sólo compartimos, sino que expresamos, sabemos, aprendemos, nos relacionamos de una manera que nunca había el hombre pensado. Su surgimiento ha sido un alumbramiento hacia algo muy grande que está a punto de pasarnos, un alumbramiento hacia algo que llevará la humanidad a una etapa nueva de la Tierra. Sin duda, usar las redes sociales, en su justa medida, es bueno para el hombre, pues con ellas puede interactuar con sus símiles. Las redes sociales son la máxima, aún, expresión de la inteligencia humana. 



Espero que os haya gustado la reflexión. A mí el mundo de las redes sociales me fascina. Disfrutad leyendo y sed felices comunicándoos.